jueves, 2 de febrero de 2017

1º de Bachillerato. Cuestión de literatura nº 9: La poesía renacentista

La poesía del siglo XVI presenta dos tendencias fundamentales: una sigue la tradición castellana y otra, renovadora, se desarrolla bajo la influencia de los autores italianos y los clásicos latinos y griegos.
El Cancionero, obra del poeta italiano Francesco Petrarca (1304-1374), se convierte en el modelo de la nueva poesía amorosa. Al igual que esta obra, la poesía amatoria del Renacimiento se centra en el proceso psicológico del amante, en la descripción de sus sensaciones y sentimientos, y en una historia de amor que se desarrolla en torno a la amada.
Imagen de Petrarca
La poesía italiana viene a reforzar las tendencias anteriores que se apreciaban en la lírica cortesana del XV. Desde el punto de vista formal, de la literatura italiana se toman versos como el endecasílabo, estrofas como la octava real, los tercetos encadenados y la lira, y algunas composiciones como el soneto, la canción petrarquista y la silva. En este proceso de adaptación de las formas italianas al castellano fue determinante la labor de dos poetas: Juan Boscán y Garcilaso de la Vega.
De la literatura clásica se recuperan los temas mitológicos y diversos géneros: la oda, idónea para la reflexión existencial, moral y filosófica; la epístola, que permite la expresión de temas domésticos y familiares; la égloga, en la que los sentimientos se expresan a través de la voz de unos pastores que viven en una naturaleza idílica, y la canción, empleada para el lamento amoroso. Se retoman también algunos tópicos o motivos clásicos: el carpe diem («aprovecha el momento»); el beatus ille («feliz aquel...»), que ensalza la felicidad de quien se aísla del mundo y busca la paz de la naturaleza; y el locus amoenus («lugar idílico»).


Con respecto a los temas, la poesía del siglo XVI presenta un amplio grupo de composiciones cuyo motivo es el amor. Asociado a este aparece con frecuencia el tópico del carpe diem. La figura más importante de la poesía amorosa es Garcilaso de la Vega, pero destacan también otros autores, como Boscán. Asimismo, el amor empieza a ambientarse en marcos naturales y cobra importancia el entorno en la expresión de los sentimientos (locus amoenus). En esto se diferencia de la poesía anterior de cancionero, en la que la descripción del paisaje no era habitual y, si aparecía, solía tener carácter alegórico.
Otro de los contenidos frecuentes de la lírica de este siglo son los temas filosóficos y morales
Fray Luis de León es el representante más importante de este tipo de poesía, así como otro grupo de autores que conforman con él lo que se ha denominado escuela salmantina La escuela se caracteriza por el empleo de tópicos como el aurea mediocritas («ensalza la vida sencilla») o el beatus ille.
Por último, cabe destacar otra tendencia, la poesía de temática mística. La literatura mística expresa la experiencia directa del contacto del alma con Dios. Dicha experiencia, que rebasa los límites de lo humano, a menudo resulta inexplicable por sí misma; por ello, el lenguaje de los poetas está a menudo marcado por la incongruencia, el símbolo y la pluralidad significativa. El principal representante de esta corriente en la lírica fue San Juan de la Cruz.

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